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viernes, 5 de noviembre de 2010

ANTONIO POSADA




Biografía de Antonio Posada:

Cuando comenzaba la década de los años cincuenta, apare­ció en el ambiente farandulero colombiano una melodía paisa que gustó bastante en toda la región andina y que fue interpretada por un hombre que tenía voz antioqueña, aguascada, gruesa y destem­plada, pero que era la muestra fehaciente del típico paisa; la can­ción, que fue todo un suceso, se llama El grillo y el intérprete era el pereirano (nacido en Riosucio, Caldas), bohemio, rezandero, aguardientero, culebrero, bru­jo, cantante y buen amigo Antonio Posada Correa, quien se hacía acompañar musicalmente de un dueto llamado Los Tumaqueños; dos morochos provenientes de la costa Pacífica colombiana, que por situaciones del destino vinieron a confundirse con la bohemia medellinense de aquellos tiempos.

Los Tumaqueños en realidad se llamaban Luis A. Yakup y Heriberto Quiñones, vivían en un hotelucho del barrio Guayaquil, tomaban aguardiente casi todos los días, a cualquier hora del día y eran lo que podría llamarse unos "merenderos"; sus voces inunda­ron de alegría todo el ambiente bohemio de la Calle de los Tam­bores y toda la algarabía sana que tenía nuestro Medellín en aque­llos tiempos; ambos fallecieron muy jóvenes, tal vez a causa de todo ese trajín parrandero al que fueron sometidos, pues bien es sabido que hacían tertulias y compartían roñes con Alfonso Muriel, Vega del Río, Tartarín Moreira, Antonio Posada, Alejandro Sarrazola, Montecristo y Luis Carlos Jaramillo entre otros, algu­nos de los bohemios más tesos con que ha contado la bebeta antioqueña.

Antonio Posada era tan bohemio, que cuentan sus amigos de farra cómo muchas veces estaban todos pasmados y amanecidos un domingo por la mañana, casi dormidos sobre las mesas de al­gún café del viejo Guayaquil, sin un centavo y Antonio todavía con la "rasca viva", se ponía de pies, iba hasta el hotel donde residía, sacaba sus culebras, las llevaba hasta la Plaza de Cisneros, co­menzaba su retahíla y luego vendía un ungüento que servía para el corazón, el hígado, el carranchil, el cáncer y todos los males de los pies a la cabeza.

Regresaba luego al café donde todos sus amigos dormían la borrachera y tiraba sobre la mesa los billetes de cincuenta centa­vos llamados "Lientas" que cinco minutos antes le había cobrado al campesinado por su popular mentol y decía:

-¡Sigamos bebiendo!

Frase que despertaba a todos los demás contertulios.

Antonio Posada grabó y compuso muchísimas canciones; impuso éxitos discográficos decembrinos como El grillo, Que lo diga ella, El chorizo, Me va a dejar con la gana, María Luisa, Inés venite pa' acá, Se llegó la hora, Cosa rara, La cobija rota y tantísimos otros; pero también Antonio hizo música fría, guasca y campesina como los pasillos Agonía de mi madre y Triste entierro y los tangos Leprosa y Demacrada.

Iniciando la década de los años sesenta Antonio Posada aban­donó la ciudad de Medellín y marchó hacia el sur del país; unos meses después llegó la noticia de que había fallecido a causa de la herida que le causó una de sus culebras.

Antonio Posada fue un personaje en el antiguo barrio Gua­yaquil.

2 comentarios:

  1. Que música!!!, Lastima que en esta época los que cantaban música popular eran sinónimo de bebedores , papel que algunos lo cumplieron a la perfección.

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  2. Este señor era sobrino de mi abuela materna, por lo tanto lo hace primo. La causa de su muerte fue que una anaconda lo ahorcó. Excelente música. En paz descanse.

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