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viernes, 5 de noviembre de 2010

ARRUBLA Y BARRENECHE




 Biografía de Arrubla y Barreneche

Arturo Arrubla Pareja nació en Fredonia (Antioquia) en 1922 y como casi todos los vocalistas también cantó en el coro de la iglesia de su pueblo natal. En cierta ocasión fueron a Fredonia los maestros Gabriel Mejía y Eusebio Ochoa y les gustó la voz del joven; ellos le consiguieron una beca en el Instituto de Bellas Artes y entonces Arturo se vino a Medellín.

Cuando este cantante lucía su voz en el coro de la iglesia de Fredonia, allí estaba de organista el invidente Luis Eduardo Barreneche; eran muy buenos amigos, cantaban música sacra, pero además tenían un dueto al que llamaban Arrubla y Barreneche; en éste Arrubla era la primera voz y Barreneche segunda y acordeón. Arturo cantaba por nota o a oído y Luis Eduardo tenía una memo­ria musical prodigiosa.

En 1960 Arturo llegó a Medellín y al año siguiente lo hizo Barreneche; o sea, que aquí fue la consolidación definitiva del dueto.

Se convirtieron en el grupo de planta del famoso Patio del Tango de Aníbal Moneada, donde enloquecían al público can­tando canciones líricas, trozos de zarzuelas, ópera, tangos y toda clase de melodías sentidas por el pueblo. Hasta este sitio llegó un día el señor Bernardo Loaiza, integrante del Dueto Riobamba, quien les propuso hacer unas grabaciones para el sello Colombia; éstas fueron, el bolero Confesión, Las no­ches de Agua de Dios, La carta del suicida y Puesta de sol.

Barreneche fue eterno organista en la iglesia de La Candelaria del Parque de Berrío y Arrubla fue corista en parroquias como San Marcos en Envigado, doce años en Belén y veinte años en San Joaquín.

Un primero de enero Barreneche llamó a Arturo a desearle un feliz año nuevo, pero se le fue enredando la voz y casi ni terminó la comunicación; al colgar el teléfono Arrubla le dijo a su esposa:

-Mija, Luis Eduardo como que bebió mucho anoche; cómo será la rasca que tiene, que no le entendí nada.

Y no era ninguna rasca, sino que en ese instante le había dado una trombosis cerebral que lo llevó a la muerte pocos días des­pués.

Este dueto duró tres años.

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