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viernes, 5 de noviembre de 2010

HISTORIA DE LA MUSICA GUASCA O DE CARRILERA DE ANTIOQUIA COLOMBIA



 A continuación encontrarás la introducción del libro "música del pueblo pueblo" de Alberto Burgos Herrera y la cual narra cómo surgió la música guasca (otros la llaman música de carrilera) en el departamento de Antioquia, Colombia. Luego de la introducción el libro nos trae las biografías e historias de los artistas más representativos de este género musical que fue inspirado por las rancheras, corridos y huapangos mexicanos; tangos, valses, tonadas, zambas y pasillos argentinos; y pasillos y boleros ecuatorianos y peruanos que eran escuchados por la población campesina de las décadas de los años 1930 y 1940 (y hoy se siguen escuchando); campesinos que decidieron hacer rancheras, corridos, tangos, boleros, pasillos, etc. pero a su propio estilo, desarrollando así la música guasca, campesina o montañera. Música cuya evolución desenvocó en lo que a finales del siglo XX y en lo que va del siglo XXI hemos llamado música popular (representada por artistas como Darío Gómez, Luis Alberto Posada, El Charrito Negro, etc y de los cuales podemos ubicar sus primeras canciones en el marco de la música Guasca donde predominaba la guitarra, luego añadieron otros instrumentos como la trompeta y el violín dando origen a la hoy llamada música popular o ranchera)

INTRODUCCION

Cuando en Colombia se dio la violencia partidista de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, cuando a uno lo mataban por liberal o conservador, mucha gente abandonó el campo y lle­gó huyendo hasta las ciudades cabeceras de departamentos. Aquí en Antioquia particularmente llegaron a Medellín y como pudieron, estos nuevos habitantes de la ciudad se ubicaron en sus laderas.

Todos los desplazados de ese entonces que venían del norte se asentaban en Bello, los que venían del sur se ubicaron en Itagüí y Guayabal y los de Dabeiba, Mutatá, Frontino y pueblos vecinos, llegaban a Medellín por el occidente y lo primero que encontraban era el barrio Robledo y por lógica muchos se quedaron en Roble­do, pues hasta temor les daba penetrar en ese misterio que para ellos era la gran ciudad.

Estos nuevos pobladores se ubicaron en sectores de Roble­do como La Cuchilla, El Pesebre y Blanquizal. En ese entonces nosotros vivíamos en la calle 63 con la carrera 84 de dicho barrio, que era paso obligado para los habitantes de estos sectores. A todo el frente de nuestra casa, don Alejandrino Pulgarín montó un negocio llamado Tienda Mixta Sinfonía, que en realidad era una cantina, pero que hábilmente, con yucas y papas Alejandrino dis­frazaba de tienda.

Sobre todo los sábados, este señor que procedía de Frontino, atendía a los paisanos que se habían desplazado por la violencia. Ese día se reunían allí veinte, treinta y hasta más contertulios, todos con sus ruanas, sombreros y machetes terciados; todos tomaban cerveza y aguardiente y en muchas oportunidades resultaban peleando y sacando a relucir sus utensilios cortantes de trabajo.

La música que se escuchaba en la tienda de Alejandrino, a nosotros nos tocaba oírla quisiéramos o no, pues como ya les dije ésta quedaba a todo el frente de nuestra residencia. Allí escuchá­bamos a Ray y Lupita, Lydia Mendoza, las Hermanas Padilla, Los Madrugadores, Los Relicarios, Los Trovadores de Cuyo, el Con­junto América y muchos cantantes y grupos más; allí fue donde supe, siendo apenas un niño, que a esto se le llamaba música guasca, que guasca quería decir montañero y que esta era la música que escuchaba el campesino total, en este caso, Alejandrino y sus con­tertulios.

En esos años cuarenta y cincuenta, nuestro campesino que vivía perdido en las montañas, sólo recibía comunicación con el mundo a través de un radio que existía en todas las casas de cam­po. En ese entonces la música que dominaba en los discos y en las emisoras, era la música mexicana con todos sus corridos, huapangos y rancheras; y por ende, nuestro campesino eso era lo que escuchaba.

Como el corrido y la ranchera son géneros musicales relativa­mente fáciles de interpretar, cuando nuestro campesino llegaba en las tardes a descansar, en el radio de su casa escuchaba la canción mexicana y enseguida bajaba la guitarra o el tiple y trataba de interpretarla. Así empezaron muchos de nuestros músicos campe­sinos y con seguridad ninguno pensó que estaba creando el estilo antioqueño de la música mexicana.

Como decía, todos nuestros campesinos en sus radios co­menzaron a escuchar las rancheras, los corridos y los huapangos de Los Madrugadores, de la familia de Lydia Mendoza, a la pro­pia Lydia como solista, Chicho y Chencha y una agrupación acom­pañante y famosa llamada Los Costeños; esto ocurría iniciando los años treinta del siglo pasado, pero dice el hombre de radio Gustavo Escobar Vélez, que en 1938 ya se escuchaban las Her­manas Padilla, Lorenzo Barcelata, Los Trovadores Tamaulipecos, Tito Guizar y luego Jorge Negrete, el Trío Calaveras, el Dueto Azteca, Las Palomas y todos, absolutamente todos, cantaban rancheras, corridos y huapangos.

Además, según el periodista Óscar Peláez, empezaron a lle­gar películas como:

Allá en el rancho grande, Amapola del camino, Mis dos amores, De México llegó el amor, Qué lindo es Michoacán, Amores de ayer, Adiós Mariquita linda, Como México no hay dos, El gallero, En los altos de Jalisco, Ahí viene Vidal Tenorio y De ranchero a empresario, protagonizadas por Tito Guizar.

Ora Ponciano, Bajo el cielo de México, Jalisco nunca pierde, La Zandunga y Tierra brava, protagonizadas por Lo­renzo Barcelata.

El tesoro de Pancho Villa, Canción del alma,  La tierra del mariachi y Con los dorados de Villa,  protagonizadas por Lucha Reyes.

Aquí llego el valentón, Juan sin miedo, La Valentina, Ay Jalisco no te rajes, Así se quiere en Jalisco, Historia de un gran amor, El peñón de las ánimas, El rebelde, Cuando quiere un mexicano, Me he de comer esa tuna, Camino de Sacramento, Hasta que perdió Jalisco, Jalisco canta en Se­villa, Si Adelita fuera de otro, Un gallo en corral ajeno, Los tres alegres compadres, Dos tipos de cuidado, Tal para cual y El rapto, todas protagonizadas por Jorge Negrete.

La feria de las flores, El ametralladora, Viva mi desgra­cia, Cuando lloran los valientes, Si me han de matar maña­na, Los tres García, Vuelven los García, Soy charro de Ran­cho Grande, La barca de oro, Nosotros los pobres, Los tres huastecos, Ustedes los ricos, Dicen que soy mujeriego, La oveja negra, No desearás la mujer de tu hijo, A toda máqui­na, Qué te ha dado esa mujer, Por ellas aunque mal paguen, Los hijos de María Morales, Dos tipos de cuidado, Pepe "El Toro", Escuela de vagabundos, El Milamores, La vida no vale nada, Escuela de música, Pablo y Carolina y El Ino­cente, protagonizadas por Pedro Infante.

Rancho Alegre, Por querer a una mujer, Nosotras las sirvientas, Cartas a Ufemia, A los cuatro vientos, Tú y las nubes, Que seas feliz, Tú y la mentira, Que toquen las golondrinas, El gallo colorado, Rogaciano el huapanguero, Guitarras de media noche, La feria de San Marcos, Cuatro copas y muchas más, protagonizadas por Miguel Aceves Mejía.

Guadalajara pues, Aquí está Juan Colorado, Sucedió en Jalisco, Yo maté a Rosita Alvírez, Charro a la fuerza, El gallo giro, El charro del Cristo, Dos gallos de pelea, Tú solo tú, Primero soy mexicano, Póker de ases, Tal para cual, Con el diablo en el cuerpo, Al diablo las mujeres, Yo fui novio de Rosita Alvírez y Hay Ángeles con espuelas, protagonizadas por Luis Aguilar.

La barranca de la muerte, El Rayo Justiciero, El Gavi­lán Vengador, La sierra del terror, La pantera negra, Aquí están los Agüitares, La guarida del buitre, Los muertos no hablan, Aquí está Heraclio Bernal y La venganza de Heraclio Bernal, protagonizadas por Tony Aguilar.

Camino de Guanajuato, Guitarras de media noche, México de mi corazón, Cucurrucucú paloma, Dónde estás corazón, El revólver sangriento, Duelo en El Dorado, Las canciones unidas y Camino de la horca, protagonizadas por Lola Bertrán.

Cada quien con su música, Ferias de México, El tejedor de milagros, La sonrisa de los pobres, Me cansé de rogarle, Escuela para solteras y Guitarras de media noche, protago­nizadas por José Alfredo Jiménez.

En todas estas películas predominaba y se imponía la música folclórica mexicana; por esta razón el ciudadano nuestro y sobre todo el campesino nuestro, fue queriendo esa música y no se que­dó contento con escucharla, sino que después la cantó y luego hizo sus propios corridos y rancheras.

En ese tiempo el cine mexicano pasó a ser el más importante para Latinoamérica y todas esas producciones aztecas venían impregnadas de música folclórica mexicana; ellos nos llenaron de huapangos, rancheras, corridos y cantantes como Tony Aguilar, Demetrio González, Cuco Sánchez, Luis Aguilar, Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Amalia Mendoza, José Alfredo Jiménez, Pedro Vargas, Lucha Reyes, Rosita Quintana, Flor Silvestre, Rosa de Castilla, Pedro Infante y muchos, pero muchos más.

En la radio estaban las rancheras, en el cine las rancheras y fue de esa manera como los mexicanos nos convirtieron en el país, fuera de México, que más oye canciones mexicanas en el mundo, el país, fuera de México, que más composiciones con estilo mexi­cano tiene en el mundo y en el país, fuera de México, que más intérpretes de canciones rancheras tiene en el mundo; incluso hay gente colombiana que cuando hoy en día cantan Darío Gómez, El Charrito Negro o Luis Alberto Posada, creen que están escuchando música colombiana, cuando sólo se trata de música mexicana al estilo antioqueño o colombiano.

En los años cincuenta y sesenta, el cine mexicano era tan po­pular que en el Teatro Mariscal del barrio Belén, los lunes presen­taban un doblete de ese cine; la entrada era a treinta y cincuenta centavos y en la cartelera podían aparecer cintas como: El águi­la negra con Fernando Casanova, El Rayo con Tony Aguilar, Allá en el rancho grande con Tito Guizar, Juan Churras­queado con Jorge Negrete, Guitarras de media noche con Miguel Aceves Mejía y muchas, pero muchas más películas mexicanas.

El campesino nuestro pronto comprendió que él también po­día hacer sus propias rancheras y corridos; entonces se dio a la tarea de hacer canciones mexicanas. Fue precisamente cuando aparecieron duetos, tríos y solistas campesinos nuestros interpre­tando canciones rancheras que nadie conocía y que jamás se ha­bían visto en el cine mexicano.

Estos campesinos, como dije anteriormente, a causa de la violencia llegaron a la ciudad y muchos traían cargas de rancheras y corridos compuestos por ellos en la profundidad de la montaña, en el cafetal o en las horas de merecido descanso. Los explotado­res de la ciudad recibieron estas canciones, se las grabaron, las vendieron, por ellas recibieron mucho dinero y a los autores cam­pesinos nunca les pagaron nada o en el mejor de los casos, les pagaron lo mínimo. Los montañeritos por el solo placer de escu­char sus voces en un disco, muy tarde se dieron cuenta de que estos explotadores los estaban robando.

Hoy en día nos sorprendemos porque hay una invasión total de las músicas extranjeras y de cómo en nuestro medio hay emi­soras que las 24 horas del día pasan música norteamericana o de Puerto Rico; sin embargo esto no nos debe aterrar, pues en el barrio Guayaquil del Medellín de los años cincuenta del siglo pa­sado, había más de veinte cafés con el traganíquel lleno de tangos; y había bares donde sólo se escuchaban Los Trovadores de Cuyo y otros donde sólo se oían rancheras y corridos; sin contar algu­nos donde sólo había música con Margarita Cueto, Carlos Mejía, la Orquesta Internacional y Juan Pulido por ejemplo; y qué decir donde sólo había ritmo antillano; y absolutamente ninguna de esas músicas era colombiana.

En ese mismo tiempo algunas emisoras comenzaron a impul­sar la música mexicana al estilo antioqueño; y acompañadas de los mensajes a los campesinos en las veredas emitían las canciones de Los Relicarios, los Hermanos Palacio, Los Trovadores de la Vega, los Hermanos Valencia, Los Cuyitos, Los Dominicanos y todo lo que fuera de ese estilo, hasta llegar a la situación actual donde hay una emisora que se llama Guasca Stéreo y otra como Radio Paisa que casi todo el día emiten música campesina y guasca. Según el compositor y poeta Darío Montoya, la emisora que más promocionó la música que gustaba y gusta a nuestros campesinos fue la inolvidable Voz de las Américas, fundada el 6 de enero de 1946 por el señor José Nicholls Vallejo quien fue el que le dio más empuje a la música campesina y montañera a través de su programa famoso llamado Guasquilandia, transmitido de lunes a viernes de 10 a 12 del día y que tenía como cortina el corrido que inter­pretaban Las Palomas titulado Ojitos verdes; este programa era patrocinado por Laboratorios Galia que producían la cotizada Cre­ma Linda.

Otro programa que dio impulso a la música guasca en esos viejos años fue Amanecercampesino, que locutaba Lubín Álzate Arbeláez "Lubinete", quien se destacaba como banderillero en las corridas de toros de La Macarena. También en La Voz de las Américas se emitía el programa De pueblo en pueblo que era presentado por Octavio Tobón Latorre, conocido artísticamente como "Tínguaro".

Con todos estos programas La Voz de las Américas fue la líder en el impulso a la música guasca y campesina nuestra; fue la primera que sacó la bandera de esta música hasta entonces des­deñada por todos; y se puede decir, que en aquel tiempo a las demás emisoras les daba pena poner esta música, pues eso era un descrédito. La Voz de las Américas era muy sintonizada en pue­blos, veredas y en barrios muy populares de Medellín, ya que estos fueron formados por personas que habían sido desplazadas del campo.

Otra de las emisoras que en aquellos años sesenta del siglo pasado difundió la música guasca fue La Voz de la Independen­cia, con su locutor Enrique Hincapié quien manejaba los progra­mas: La hora de la escoba que se transmitía de 8 a 9 de la mañana de lunes a sábado y los domingos hacía a las 10 de la mañana Que lloren hasta las vacas, ese sí totalmente de músi­ca guasca y cuya cortina musical era el corrido La vaca ladro­na de la autoría del gran compositor Gildardo Montoya. En la misma Voz de la Independencia también se emitía un programa llamado Senderito campesino, que fue orientado por José Ma­nuel "El negro" Medina.

En Radio Nutibara, ya en 1970, existió un programa de músi­ca guasca donde el locutor era Antonio Román y se llamaba Ma­ñanitas campesinas. En La Voz del Triunfo también hubo un programa de música montañera titulado Alborada musical, que era dirigido por Antonio Mejía Arcila.

El tenor Pedro Vargas fue quien dijo en alguna ocasión eso de que el país del mundo, fuera de México, donde más se escucha­ban canciones mexicanas, era Colombia; y eso que a este señor no le tocó la Colombia mexicana de la actualidad, donde además de escucharlos a ellos todos los días, nos inventamos el estilo nues­tro de tocar su música, tenemos nuestros propios mariachis, crea­mos diariamente cientos de canciones con estilo mexicano, tene­mos miles de mariachis "chiviados" que interpretan el corrido que ustedes quieran, mariachis criollos que tocan lo colombiano al es­tilo azteca, mariachis que cambiaron la serenata nuestra de tiples y guitarras por trompetas, acordeones, violines y guitarrones, mariachis de todas las clases, que se sienten mexicanos y vibran con lo mexicano.

Pero además de la influencia mexicana, también tuvimos la ecuatoriana, la peruana, la folclórica argentina y la del tango; por eso en este trabajo se encuentran grupos como Bowen Villafuerte, Illescas Saldarriaga, Los Chimboracenses, Los Guaquiros, Los Ronderos, Los Trovadores del Sur, Los Yumbos y el Trío Manabí, entre muchos otros.

Algunos de nuestros primeros grupos influenciados por el norte y sur del continente fueron los Hermanos Valencia, los Hermanos Palacio, Los Trovadores de la Vega, Los Dominicanos, Los Jibaritos, Los Cuyitos, Los Relicarios, José y Neftalí, Dueto Las Américas, Las Estrellitas y muchos otros que llenaron de corridos, rancheras, zambas, pasillos, valses y chacareras el panorama antioqueño de la canción. Más adelante aparecieron todos los gru­pos y solistas que ustedes encuentran en este libro.

La música guasca y campesina ha tomado tal fuerza que ac­tualmente tenemos muchos cantantes que tienen canciones pro­pias al estilo mexicano, tienen mariachi propio al mismo estilo, y además presentan para el público los conciertos más caros que cantante colombiano, residente en Colombia, pueda presentar; lle­nan estadios y coliseos, son ídolos nacionales, son promovidos a todos los niveles, actúan en radio, teatros y televisión, recorren todo el país sólo con canciones al estilo mexicano y entre ellos están Darío Gómez, El Charrito Negro, Luis Alberto Posada y otros.

Así pues, que éstos son algunos de los solistas, duetos y tríos que de 1950 a 1980 hicieron la historia de la música campesina, guasca y montañera de nuestro departamento (Antioquia, Colombia).

EPÍLOGO

Con toda esta cantidad de grupos que han hecho la canción ranchera al estilo antioqueño, a veces no sabemos si una ranchera es mexicana o colombiana, si ese pasillo es ecuatoriano o colom­biano y si esa zamba es argentina o colombiana.
Lo cierto es que todas estas músicas foráneas influyeron tanto a nuestro pueblo, que éste tomó esos aires como propios y aho­ra no sólo tiene composiciones propias, rancheras, zambas y tan­gos propios, sino también cantantes con todos los estilos del continente.

Ya es hora de que digamos que nuestra música guasca y cam­pesina es tan importante que un concierto de Darío Gómez, El Charrito Negro o Las Hermanitas Calle es más caro que uno del Combo de las Estrellas, Los Médicos, El Tropicombo, Nueva Gente y muchos otros.

Ya la música guasca del pueblo pueblo está en todas las esferas, en todas las clases, en los clubes, en los casinos, en la mafia, en el estudiante y en el colombiano en general; parte de la música guasca y campesina se tomó de los aires de otras nacio­nes pero se enraizó aquí y a ella se le han pegado ritmos como el bolero, el son, el vals, el pasillo y muchos otros; y hasta cantan­tes como Juanes se han inspirado en ella. Ahora más que nunca esta música del pueblo respira libre y poco le interesa que sea desdeñada por elementos que se creen europeos, norteamerica­nos o de otros planetas.

¡Que viva la música guasca y campesina!


 (A partir de aquí el señor Alberto Burgos Herrera comienza a narrar la historia o biografía de los artistas, intérpretes y compositores de este género musical y que puedes encontrar en el listado de artistas al lado derecho de este blog)


ACA TE DEJO ALGUNOS VIDEOS DE MUSICA GUASCA:

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