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viernes, 17 de diciembre de 2010

LOS CHIMBORACENSES

 
Biografía de Los Chimboracenses:
 
José Bolívar Vinueza Hernández nació en la provincia del Chimborazo, región central de la República del Ecuador, el 16 de diciembre de 1919. Sus padres se llamaron José Bruno y María, quienes tuvieron cuatro hijos.

Allá en su tierra, desde muy jovencito José Bolívar ya canta­ba la música folclórica del Ecuador y también algunas rancheras mexicanas. Posteriormente llegó a Quito y participó en programas de aficionados al canto donde los premiaban con alguna medallita, en emisoras como Radio Juventud.

Uno de los guitarristas de la emisora estimuló a José Bolívar para que se dedicara a la canción en forma definitiva; entonces José se unió musicalmente a su amigo de toda la vida y gran pun­tero Gilberto Carrillo. Comenzaron a ensayar, montaron muchas canciones, pero al compañero Carrillo le resultó viaje para Co­lombia y se disolvió el dueto.

Pasaron unos meses y José Bolívar se encontró con dos ami­gos que tallaban la tagua, oficio que él practicaba y conocía a la perfección. La tagua es una pepa que también existe en Colombia y sobre la cual ellos tallaban el rostro de cualquier persona o dife­rentes motivos.

Estos amigos le propusieron a Vinueza que viajaran a Colom­bia a trabaj ar la tagua y fue así como pasados unos días llegaron a Cali. Después de dos meses los dos compañeros regresaron al Ecuador, pero José Bolívar se quedó laborando en la capital del Valle, donde su arte tuvo gran acogida.

Un día cualquiera este tallador de tagua se dijo:

-Yo me voy para Medellín.

Y se vino a buscar a su antiguo compañero, el guitarrista Gilberto Carrillo. Cualquier día entró a un café, se sentó y pidió un tinto; unos jóvenes que tomaban cerveza, al notarle el acento le preguntaron:

-Señor; usted, con ese acentico tan raro, ¿de dónde es?

-Yo soy ecuatoriano.

Después de charlar un rato, dijo uno de ellos.

-Cómo le parece, que yo conozco un ecuatoriano que toca muy bien la guitarra y además hace trabajos en tagua.

-Y ¿cómo se llama?

-Se llama Gilberto Carrillo.

-No puede ser; ¡yo lo ando buscando!

José Bolívar fue hasta el barrio Manrique donde su antiguo amigo lo recibió con tremendo abrazo y con inmensa alegría. Carrillo tenía dos guitarras; entonces comenzaron trabajando la tagua hasta las 3 de la tarde, hora en que cogían las guitarras, ensayaban y montaban canciones.

Pasado un tiempo grabaron unas canciones en una cinta y las llevaron a la firma Zeida de Codiscos; don Alfredo Diez los reci­bió y quedó tan descrestado con la música de estos ecuatorianos, que inmediatamente les dijo:

-Ustedes; ¿cuánto cobran por grabar?

Y ellos ni tenían idea de lo que se cobraba.

—Les vamos a pagar lo mismo que les pagamos a Los Riobambeños.

Entonces grabaron canciones como los pasillos Ojos mater­nales y Dolor del alma y los valses Por tus enojos y El trova­dor, era 1951 y estas melodías comenzaron a sonar en emisoras, cafés y traganíqueles; desde ese momento se conoció que eran interpretadas por Vinueza y Carrillo, Los Chimboracenses.

Inmediatamente Codiscos los llamó a grabar nuevas cancio­nes y ahí fue cuando aparecieron en sus voces canciones como Mi dolor, Madrecita de mi amor, Penando, No me olvides y una veintena más. Todos estos fueron grandes éxitos, a tal punto que Codiscos les tendió la conocida trampa de las disqueras: los vol­vió "exclusivos".

Vivían entonces Los Chimboracenses en la Pensión Selecta de la Plazuela Uribe Uribe y además seguían tallando la tagua. Un día llegó allí un empleado de Sonolux y preguntó por José Bolívar Vinueza.

-En Sonolux estamos interesados en que ustedes nos graben unas canciones y pidan por ello lo que quieran, pues estamos dis­puestos a pagarles el precio que sea.

-Señor; no podemos... hace dos días firmamos "exclusivi­dad" con Codiscos por dos años.

Y por esta razón los primeros Chimboracenses sólo grabaron en Zeida de Codiscos, pues al terminar este contrato Gilberto Carrillo regresó al Ecuador.

Pasó un tiempo y Vinueza fue a pasear a su tierra natal donde se encontró con Leonardo Quinchuela y Nabor Narváez, con quie­nes antiguamente había formado el trío Los Pasilleros e inaugura­do la Emisora Tarqui. Entonces Quinchuela le dijo:

-José, yo quiero ir a Colombia, ¿por qué no lleva grabadas algunas de las canciones que ahora hemos vuelto a cantar aquí?; si allá les gustan, yo estaría dispuesto a irme.

Vino Vinueza, llegó a Cali, enseñó las grabaciones e inmedia­tamente les dieron un contrato para ocho presentaciones. Apare­ció Leonardo Quinchuela y esa misma noche comenzaron actua­ciones; viajaron a Medellín como Los Chimboracenses, le llevaron las canciones al maestro Lucho Bermúdez que era el director ar­tístico de Discos Silver, quien inmediatamente dispuso todo para grabar melodías que luego se convirtieron en éxitos.

A Quinchuela le dio por ser cantante solista y otra vez Vinueza quedó solo. Posteriormente se unió a Carlos Mayorga, guitarrista que acompañaba a los famosos Trovadores de la Vega y con él constituyó la tercera etapa de Los Chimboracenses. Fueron otra vez a Zeida de Codiscos donde grabaron melodías como los pa­sillos Cálmate corazón, Tormento, Penando, Dolor del alma y regrabaron Ojos maternales, las cuales inmediatamente se trans­formaron en grandes éxitos discográficos.

Las tres épocas de Los Chimboracenses duraron aproxima­damente quince años.
José Bolívar Vinueza además es el compositor de melodías como el bolero Loca pasión que fue cantado por Lucho Bowen; el dueto Bowen Villafuerte le grabó el vals Te equivocaste, la ranchera No lloro por ella, el sanjuanito Linda Guambrita, el cachullapi Los luceros, el vals Rosalba, el pasillo Tus Pupilas, el albazo No te vayas y la ranchera Amor perdido; Florencio Zambrano le grabó el pasillo Olvidemos y el vals No sé por qué me dejas. En total muchos cantantes han grabado cuarenta de sus obras musicales.

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