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viernes, 17 de diciembre de 2010

LOS GAVILANES DEL NORTE

Biografía de Los Gavilanes del Norte:

Luis Eduardo Cruz Higuita nació en Cañasgordas (Antioquia) en 1949. Cuando tenía 10 años de edad tuvo una discusión con su padre y se vino para Medellín, sin conocer a nadie y sin saber a dónde iba a llegar. Llegó a la Plaza de Cisneros de una ciudad totalmente desconocida para él; durmió en las aceras, hizo man­dados y con frecuencia recordaba las coplas que en la finca de su papá le sacaba a las vacas, a los caballos y a casi todo tipo de animales.

El primer trabajo de Lucho en el barrio Guayaquil de Medellín fue hacerle mandados a unas señoras que vendían arepas y ahí fue precisamente cuando compuso La canción de la arepa:

"Compadre vengo a contarle lo que ayer me sucedió, hombe iba por la calle y un cacharro me pasó, venga cómpreme la arepa me dijo una muchachito, me dijo bien pueda toque que la tengo fresquecita.

Y yo como buen curioso ahí mismo empecé a tocar, y si usté viera compadre qué arepa tan legal, me dijo tengo de peso, hay de veinte y de cincuenta pero la que está tocando negrito no es pa la venta... ".

Un personaje que tuvo que ver con Lucho fue Francisco Restrepo del almacén El Tiple y Discos Colombia. Este señor en su almacén tenía una grabadora pequeña y un día el joven Cruz se acercó y se puso a cantarle. Francisco se sorprendió tanto que lo hizo entrar, aunque apenas era un niño de doce años.

Apareció entonces en la vida de Lucho el declamador, com­positor y maestro Horacio Alveda, quien tenía una casa fotográfi­ca en la carrera Bolívar que se llamaba Foto Arte. Unos días des­pués estaba en el almacén El Tiple, don Horacio Alveda con su compañero de dueto; entonces Francisco Restrepo llamó a Lu­cho, quien cantó con ellos una ranchera que nunca se grabó, y que dice así:

"En el tiempo que estuve contigo, fui tan sólo un hombre desgraciado, tú jugabas cruelmente conmigo porque estaba de ti enamorado... ".

Don Horacio le tomó aprecio a Lucho y le enseñó el arte de la fotografía y con este oficio se defendió durante mucho tiempo; pero en ese entonces Lucho conoció a Alfonso Colorado, quien era músico y cantante consagrado. Lucho ya tenía una guitarra y había ido a varios estudios de grabación pero siempre lo sacaban casi a la fuerza, porque todavía no estaba preparado.

Don Alfonso comenzó a enseñarle los secretos de la música, le corrigió muchos defectos y en ese entonces Lucho soñaba con ser un cantante de rancheras y corridos mexicanos; esa música lo apasionaba y esa pasión la traía desde niño, pues cuando estaba en Cañasgordas, los sábados le trabajaba a un señor cargándole salvado hasta la medianoche, con tal de que le pagara diez centa­vos, con los que al día siguiente asistía al teatro del pueblo a ver las películas de Tony Aguilar, Luis Aguilar, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez o Jorge Negrete.

El dueto de Alfonso Colorado con Lucho Cruz comenzó a ensayar, montaron muchas canciones y se llamaron Los Gavilanes del Norte, que cantaban pura música del estilo del dueto mexica­no Lupe y Polo. Comenzaron grabando en Discos Ondina corri­dos y rancheras todos de la inspiración de Alfonso Colorado, pero luego lo hicieron en Discos Colombia y en Victoria, de donde al­guna vez habían sacado tallado al propio Lucho.

Algunas grabaciones de Los Gavilanes del Norte fueron Bo­hemio y cantinero, Cobarde corazón, Qué hago señor, No importa cantinera, Carta ensangrentada, Dueña del univer­so, No te asombres y Ni en la tumba te olvido.

En esos años setenta estaba de moda el Combo de Nelson Henríquez de Venezuela; entonces en Discos Victoria le propusie­ron a Lucho que hiciera dos temas musicales para esa orquesta, ya que había comenzado a destacarse como compositor. Ahí fue cuando hizo los paseos Artículo de lujo y La traicionera en la empresa le dijeron:

-Lucho y usted: ¿por qué no canta esos temas?

Lucho Cruz jamás en la vida había pensado en cantar música bailable, pues lo de él eran los corridos y las rancheras; pero como él mismo dice, "Dios me dio esta oportunidad". Lucho cantó y grabó los dos paseos en los que fue arreglista el maestro Nazario Andrade y el éxito fue tan impresionante que ambos llegaron al disco de final de año en la disquera Victoria.

A la orquesta que lo acompañó Lucho la llamó Combo Veracruz, recordando que su papá era de apellido Cruz; pero la disquera, viendo el éxito de este muchacho, le hizo firmar un con­trato por diez años; contrato que le impidió aceptar muchas otras oportunidades.

En vista del éxito obtenido con su Combo Veracruz Lucho se alejó de su antiguo dueto Los Gavilanes del Norte y se despidió de su amigo Alfonso Colorado.

Algo que no puedo dejar de contar es que cuando Lucho grabó estos dos primeros éxitos bailables, fue a una emisora de R.C.N llamada Radio Calidad, pues él quería escuchar su voz en la radio y sobre todo acompañado de una orquesta; allí lo atendió un señor llamado Edgar Jairo Arboleda y Lucho por supuesto iba con mucha pena y temor.

-Jovencito, usted, ¿qué necesita?

-Lo que pasa es que aquí tengo un disquito que acabo de grabar y vengo a ver si usted me lo puede poner en la emisora.

Este señor lo escuchó y le dijo a Lucho:

-Y este que canta, ¿si sos vos bombe?

-Sí señor yo soy el cantante y el compositor.

-Bueno, ya se lo voy a poner.

-No señor, ¡no me lo ponga todavía; póngalo dentro de una hora, que yo necesito irme pa mi casa a ver cómo suena y sobre todo pa escucharme la voz!

Y el locutor le cumplió su palabra.

Lucho Cruz ha sido triunfador de la música bailable, pero tam­bién de la canción mexicana al estilo antioqueño.

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