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sábado, 18 de diciembre de 2010

MARINA Y DAMARYS


Biografía de Marina y Damarys:

Damarys Navarro Lopera nació en el municipio de Santuario (Risaralda) en 1952; desde su infancia sintió en su casa el sonido de la música pues su madre y una hermana melliza hacían un dueto sorprendente, que aunque nunca cantaron profesionalmente, sí eran el orgullo familiar.

Damarys dice que el artista nace, que no se hace y que ella desde que vio la luz del día traía en su sangre todo eso de la músi­ca, las notas, las armonías y el sabor para decir las canciones.

Su madre no le enseñó, pero ella cantó con los coros de algu­nas iglesias.

A los 14 años de edad su familia se trasladó a Medellín y llegó a vivir en el barrio Castilla; ya Damarys había participado en un concurso de canto en La Voz Amiga de Pereira y aquí lo hizo en La Voz de Antioquia unos días después de su arribo. Luego Damarys ingresó a una academia de música llamada Academia Antioquia y allí perfeccionó el canto y el solfeo y además conoció a Luis Eduardo Carvajal quien posteriormente fue su esposo y era el director de la academia.

Como Damarys tenía una voz lírica, de soprano, Radio Coli­brí la patrocinó para que montara canciones como La piscina de Buda, Vírgenes del sol, Noche china, Marcha sobre el Río Kwai y otras melodías que fueron cantadas con mucho éxito en esa desaparecida emisora.

En ese tiempo Damarys, representando a Antioquia, se ganó un concurso en Barranquilla que le daba el derecho de ir a Manizales a participar en la feria de dicha ciudad como cantante invitada; esta cita no se cumplió debido a complicaciones de uno de sus embarazos. Esta vocalista tenía como plato fuerte la interpretación de boleros, hasta que en uno de los estaderos de la ciudad le dijeron que le daban trabajo, pero si cantaba rancheras; las cantó y el éxito fue impresionante.

Cierto día un señor llamado Jaime Giraldo la escuchó cantar y le propuso que hiciera dueto con su esposa que se llama Marina Jiménez, oriunda de un pueblo llamado San José en el departa­mento de Caldas. Desde que se encontraron, sus voces se aco­plaron maravillosamente, pero desgraciadamente no grabaron para ninguna casa disquera; eran los años setenta y actuaron en sitios como el Coliseo Iván de Bedout, los estaderos Añoranzas, La Guaca y otros, en el Hotel Nutibara donde alternaron con las fa­mosas mexicanas las Hermanas Padilla, quienes se deslumbraron con la calidad de las colombianas.

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